Artículo invitado: Una reflexión sobre la Marcha por la Ciencia
Las condiciones en Washington D.C. el sábado no pudieron ser más perfectas. Miles de residentes de D.C. y gente de all país se reunieron allí para participar en una épica Marcha por la Ciencia en celebración de la ciencia, el Día de la Tierra y all Bill Nye, el chico de la ciencia (que, por cierto, también estuvo allí).
La marcha comenzó a las 2 de la tarde, partiendo del Monumento a Washington y terminando en el Capitolio. Se podían escuchar cánticos resonando por las calles del distrito, acompañados en ocasiones por un cencerro y en otras por una trompeta. «¿Qué queremos? ¡Ciencia basada en pruebas! ¿Cuándo lo queremos? ¡Ahora!», se oía la voz de mi colega Nicole Longchamp mientras sostenía un cartel que decía «Salvad a las ballenas». Las vistas aéreas revelaban un mar salpicado de gorros de punto rosa con forma de cerebro y batas de laboratorio.
Tuvimos la suerte de encontrar a los oradores en el National Mall, quienes abordaban la necesidad de «defender una ciencia sólidamente financiada y comunicada públicamente». Muchos también expresaron su preocupación por el recorte propuesto de 12 600 millones de dólares en la financiación del Departamento de Salud y Servicios Humanos.
Fue una celebración de la ciencia... no solo de los científicos y los políticos, sino también del papel tan real que desempeña la ciencia en la vida de cada uno de nosotros.
